La casa
hilvanada

Texto orientativo sobre la exposición La casa hilvanada realizado por los artistas participantes



La Casa Hilvanada”, cita en la calle San Agustín de La Laguna tiene, al igual que otras tantas casas que forman parte del antiguo casco histórico de esta ciudad, una historia densa y llena de fantasmas.


Nos encontramos con una intervención doble pues, actualmente, la casa esta siendo restaurada en su totalidad con el fin de recuperar en ella sus más primigenias entrañas tras haber sido violentada por sucesivos inquilinos, agentes naturales o temporales. Los componentes de este último grupo de Ejercicios de Domismo participan en ella con una segunda intervención que se adapta y amolda a este estado en proceso y explota las posibilidades de esta transformación.


En un primer momento nos encontramos con que las paredes de esta vivienda han sido despellejadas, mostrando  así su musculatura pedrosa que nos invita  a sentir en ella la propia naturaleza; la casa, en algunos recodos, nos acerca a la cueva, convirtiendo el espacio interior en espacio natural, trayéndonos el afuera al  adentro o convirtiendo el adentro en un afuera natural.


Así, y siguiendo el hilo de estas apreciaciones, la figura de la  casa, lugar de los ensueños de la seguridad y la protección, se nos manifiesta como su opuesto, en un lugar en el que los fantasmas del desasosiego y de los temores mas íntimamente humanos se desarrollan en todo su esplendor a través de metáforas como la de “Náufragos”: techo de madera a cuatro aguas (como todos los techos de la casa y re-construido con los restos de  estos techos tras haber sido restaurados) que, al reducirlo a escala e invertirlo, se nos ha convertido en barco en el que de una u otra forma todos podemos naufragar en algún momento, desde nuestra casa protectora, en la intimidad , desde nuestra soledad.


De la misma manera, y continuando con la metáfora acuática, el techo, convertido en un plano que nos separa del cielo y que nos cuida del frío y de la lluvia , deja traspasar en “Plano de lluvia” una lluvia de hilos que conforman un mapa, el mapa del territorio de nuestra intervención. La lluvia siempre informe conforma un espacio concreto a través del elemento que crea su imposibilidad, el techo.


Lluvia, tempestad, barcos, náufragos, empiezan a construir una poética en la que el afuera y el adentro se confunden y se comienza a vislumbrar una historia que podría parecer igual de mítica que de cotidiana.


La historia que este grupo intenta hilvanar empieza con un epitafio tallado en piedra: “Guardo su casa e hilo”, frase que pedían las antiguas matronas romanas que se pusiera en sus tumbas pues las dignificaba y les daba un sentido. El hilvanar una casa hace referencia, además, no solo a definir una historia, un mapa, un patrón, tiene también carácter de provisionalidad: la intervención es provisional, la vida también lo es.


La aguja (el clavo) ,que incide en las paredes y vigas de esta casa, refuerza y fortalece las estructuras, construye las tramas, escribe los textos, como los de los libros de una biblioteca que se nos aparece empotrada en una de sus paredes. Esta biblioteca se convierte en imagen de si misma, en metáfora de si misma (no solo en sentido figurado sino literalmente) se duplica como imagen y en esa duplicación  se produce un trasvase temporal. También  se reproduce hasta el infinito en sus libros de escayola inmaculados, algo desgastados por el peso de la cultura, del tiempo, de la memoria, de los fantasmas  que los han transitado desde el principio de los tiempos. Biblioteca como imagen e imagen de una biblioteca, libros como espacios y espacios empapelados o enyesados que, en este caso, son lo mismo. Los libros construyen espacios, los espacios de la casa, los espacios de la memoria, los espacios mentales que convocan nuestra historia, la historia de nuestra cultura, las sucesivas capas de papel de cebolla que construyen una arqueología de la palabra escrita, impresa, tallada.


Como  toda casa con una vasta historia que se precie, en esta casa también hay fantasmas y , en este caso, estos se manifiestan en forma de sombras. La sombra se manifiesta en esta instalación como el engaño mismo (minúsculas figuras que aparentan ser muy grandes), como el puro teatro en el sentido de artificio. Pero también, la sombra se manifiesta aquí como registro de una ausencia o  como referencia al otro, incluso al espectador, o  también,  con un cierto carácter de demonización, como enemigo quimérico.


Dentro de este juego de sombras  nos encontramos con unas  muy especiales. Estas  aparecen en pequeños habitáculos, en escala reducida (al contrario que las otras que están siempre amplificadas), en los que desarrollan una acción, la acción de rediseñar el lugar, la de intervenirlo interviniendo. Son figuras de barro blanco, retratos de los autores que participan de la casa  en la casa, que habitan su intimidad y lo hacen como sombras, como sombras blancas.


Por otra parte, nos encontramos en la casa con un recorrido textual, textos que son como cartas, inventarios de ausencias, vivencias congeladas en el tiempo. Podría ser un estudio socioantropológico de sus habitantes o el descubrimiento de un registro legal del pasado de la casa. En estos textos lo real y lo ficticio se entremezclan hasta el punto de no saber en ningún momento que es cierto y que es producto de la invención de sus interventores. No son más que pequeñas referencias, apuntes, anotaciones de un libro, de una historia que esta por contar, o por construir o por descubrir.....